Este entorno digital impacta directamente en el bienestar de las personas:

La edad se ha convertido en un eje central del negocio. Plataformas como Tinder han sido señaladas por ofrecer precios diferentes o limitar la visibilidad basándose en la edad de los usuarios, afectando especialmente la autoestima de los mayores de 30 años.

Los algoritmos tienden a priorizar perfiles que ya reciben mucha atención, lo que invisibiliza a usuarios que no encajan en cánones de belleza normativos o que pertenecen a minorías.