—Lamento informarle que su plan ha fracasado —susurró él contra su oído, haciendo que un escalofrío recorriera la columna de la joven—. Puede seguir repitiéndose que no era su intención seducirme. Pero ahora que lo ha logrado, no pienso dejarla marchar al norte. Ni a ningún otro lugar donde yo no pueda seguirla.

Eleanor tragó saliva. El ungüento había sido un acto de culpa porque sabía que él saldría herido en esa escena; la biblioteca había sido un error de cálculo logístico.

¿Te gustaría que explorando qué pasa cuando la verdadera heroína de la novela aparece en el baile?

—¿Buscando un escondite, señorita Eleanor? —una voz profunda, como el crujir de la madera fina, rompió su burbuja de tranquilidad.